Trataré de no hilarlo con las ganas de cagar que inúndenme las tripas.
Que pasa entre un individuo y otro cuando se desplazan? Que pasa entre ellos cuando van juntos en el camión, cuando se cruzan, cuando descansan un poco de su trabajo, cuando al final de las jornadas se encuentran en casa, antes justo de dormir, antes de salir, cuando sus pares de ojos se encuentran en algún momento de la rutina, cuando se hayan en el messenger o se llaman por teléfono desde un lugar distante…? De alguna manera se comunican. Con que fin, tal vez ninguno. Esto pone mi tripa cerebral a culebrear.
Pienso a la gente que he mirado los últimos días. Probablemente nada nos hemos dicho excepto cosas de trabajo. En algunos casos es un intercambio de complicidad, en otras solo uno cree cómplice al interlocutor. Como jugar a las cartas. Todos contra todos, quien primero entregue va mostrando donde colocó las postas. Hay raza chila, pero que no le gusta oler la mugre en sus cadenas, miran pa delante, describen belleza y les es indigno pensar en darle la madre al grillete, porque no hay grillete, provocador extremoso, no hay pedo, me voy con mi amigo paletero, quien es honesto hasta de calzones que desconozco, pero, la peste y el sudor por los grilletes son su idilio. Y yo me hablo, yo, como que no estoy ante mi, ni ante nadie, asi no estoy, existo limitado, no creo en los por mientras, de perfil volteo para el espejo y fijo al temblor de la sombra, ni la carne se ve. Solo el capitalismo acumula especulaciones.
A veces recuerdo el color de la sangre yendo hacia el caño de la regadera y siento frio en la cabeza, arriba en el medio, como si se cavara un hoyo.
A veces con la lengua negociamos códigos de entendimiento dibujando nuestra condición y experiencia pa explicar las circunstancias, claro, sin proponernos nada, solo la negociación de una humanidad con otra en un juego donde hay que ponernos un numero en la playera, hacer como que pareces y hacer algunas cosas más debajo de la playera, claro, esto no se debe de decir. Nadie sabe a que jugamos. Tal vez si hablaramos sobre nuestros piojos púbicos, y sopearamos hasta demostrarnos que el cuero quiere sol y dejar de perseguir pelotas, tal vez entonces descubriéramos que el engaño no para con los demás sino con uno, tal vez nos propondríamos algo y dejar de competir con quien no es dueño de la pelota ni de la porterìa ni del estadio ni se le ha ideado, a lo mejor construyéramos nuestros juegos, nos hiciéramos dueños de nuestros actos.
Cuántas ocasiones nos da la sensación de de verdad haber hablado con Alguien, de reconocerle? Conocen la sensación?
Recuerda algo de lo que te preguntes, recuerda todo lo que despierta ilusión, lo que te gustara vivir y saber, revive sensaciones fuji, digo, sensaciones de esas especiales, como color nuevo penetrando la piel, de las que pueden y deleitan, las que duelen mientras crecen, las que te ponen como si volvieras a nacer, como si vieras más, más lejos, sentir mas tus muslos y moverlos, blablablam y a que puta hora eso pasa por dialogo entre la raza que te saluda en casa y la raza que desde hace años reconoces y la raza que anda allá afuera o a que hora son el tema de la convergarción sin ser seguidas de rollo, cuestiones que se echen al bote de basura a la menor inquietud de los carbohidratos o tope de moralina. A qué hora tratamos lo vital sin los rotulos de lo que se debe hacer como que se debe.
No tratamos con humanos mediante el lenguaje. Tratamos con gente medio del reflejo del significante. Si se nos pusiera aquel que hemos deseado por tiempo, le estrecharíamos en brazos, o, le pondríamos un espejo al lado para de frente mirar el reflejo. Cada palabra te escucho más lejos.
Hablamos no dialogamos. Negociamos sin compartir.
Pasamos sin andar. Vagamos, peregrinar exige previsión, búsqueda y meta.
Nos veo como la decepción del sol, el abandono de lo humano.
Una línea nietzcheana dice “hasta hoy todos los hombres han hecho algo mejor a si mismos, excepto ustedes” un cuadro de dali dibuja un hombre tomado de su niño por la mano frente a una pareja gigantezca a las orillas del mar, monumento, se llama arqueología.
Gente que nos exaltamos y extraviamos por creencias que no hemos digerido. A la creencia la miro como producto incomestible sobre el plato. Quien le tiene habla de él, lo ve, lo prueba, tal vez hasta lo mastique a lo mejor después de vomitarle o de causarle indigestión sigue necio, temprano o tarde aprende a hablar, gritar y exaltarse más a cambio de babear menos: nunca le digiere tanto como para pararse de la mesa nutrido e ir a cagar y volver a tragar. Ai andamos haciendo panchos y dedicándole la vida a lo indefendible, algunos lo dicen con orgullo, héroes de lo absurdo, pero lo absurdo para nadie importa, pero ser tan audaz como para no importar puede reputar en medio de vidas sin sueños, fines, sin alma.
Afuera hace mucho sol, uno tiene que hacer algo antes de salir a chambear, que importa sea un guiso letrado sin sazón o cohersión. Si la cosa de sombra tiembla y el recuerdo de la sangre por la regadera da frio y hace hoyo en la cabeza.
Y yo te digo que no dialagamos haciendo propaganda a la frustración, la decepción y el olvido, igualito que como el capital presenta a lo que de humano queda.